El fenómeno migratorio en la sociedad uruguaya
La historia migratoria de la segunda mitad del siglo XX fue testigo del cierre del ciclo de inmigración de europeos, tras el fin de la segunda guerra mundial, así como de la inversión del signo de la migración neta. Entre 1970 y 2010 se han producido por lo menos tres oleadas emigratorias, cada una con un perfil específico en términos de destinos, composición demográfica de los flujos y motivos migratorios (Figura 1). La primera de ellas corresponde a la década del setenta, asociada a motivos políticos y económicos, participaron de ella no solo la población en edades propias de movilidad sino incluso aquellas en edades avanzadas. Argentina fue el principal destino de los flujos hasta 1975, cuando también este país entra en dictadura y uruguayos y argentinos se dirigen hacia Europa y México. La siguiente migración, aunque menos importante, fue la asociada a la crisis económica de la década del ochenta, y los principales destinos en este caso fueron Estados Unidos y la región. Finalmente, la tercera gran emigración se asocia a la recesión de la primera mitad de los años 2000, y trae como novedad la emergencia de España como primer destino de la migración extra-regional.
Figura 1. Tasas de migración neta específicas de ambos sexos por período según cohorte, 1950-1985figura 1Fuente: elaboración propia a partir de estimaciones realizadas por Prieto (2012) con base en tablas de vida, nacimientos y estimaciones de población publicadas en World Population Prospects 2012 (Naciones Unidas).
Los episodios de retorno también han sido significativos en este país y como se aprecia en la figura 1 afectan a las cohortes que emigraron en los setenta y regresaron tras la apertura democrática (1985-1989) y, más recientemente, también a quienes participaron de la tercera oleada emigratoria de los años 2000.
Esta historia de migración que va más allá del siglo XX deja como resultado una sociedad donde la migración no es indiferente, y una población compuesta por varias cohortes expuestas al riesgo de haber experimentado más de un movimiento internacional. También deja como herencia una diáspora significativa y con alta prevalencia de ciudadanos múltiples (Mateos, 2015).
De acuerdo a las estimaciones más recientes de Naciones Unidas en 2015 un 10% (346 mil) de la población uruguaya residía en el exterior. Los principales destinos de la migración de este origen han sido España, Estados Unidos y fundamentalmente Argentina, donde residen el 57% de los emigrados. La crisis económica que afectara a España y Estados Unidos a partir de 2008, y el incremento de las deportaciones desde este segundo país, dieron como resultado un incremento del retorno que alcanzó su máximo en 2012. De acuerdo al último censo de población, realizado en 2011, habían retornado en los cinco años anteriores unos 17.279 uruguayos (0,5%), y casi la mitad procedía de España.
En los últimos años el estudio de la migración ha recuperado el interés por la inmigración. El retorno de uruguayos ha estado asociado a la emergencia de nuevos hogares transnacionales, conformados por retornados que tienen hijos y cónyuges extranjeros (Koolhaas, 2015). Pero también se ha reactivado la inmigración extranjera de países Latinoamericanos (Perú, Paraguay, República Dominicana, Colombia, Venezuela y Bolivia) que llega por motivos laborales (Bengochea, 2014). Es difícil captar este fenómeno pues Uruguay no cuenta con estadísticas de flujo pero explotaciones propias de la Encuesta Continua de Hogares, realizadas recientemente, permiten notar un incremento del número de extranjeros, tanto de orígenes de la región como de otros lugares. Además, el número de solicitudes de residencias se ha incrementado sensiblemente en los últimos cinco años según los anuarios del Ministerio del Interior.
Además de que la significatividad numérica de la migración y de su rol en la constitución histórica y poblacional del país, se ha señalado que existe una fuerte ‘cultura migratoria’ en la sociedad uruguaya (Pellegrino y Luján, 1994; Pellegrino, 2014). Pueden nombrarse al menos dos ejemplos que ilustran este punto: i) un 12% de los adolescentes y los jóvenes uruguayos tiene ciudadanía extranjera o la estaba tramitando en 2013; y ii) un 30% de los jóvenes de 12 a 29 años respondió en 2013 que estaba dispuesto están dispuestos a desplazarse hacia otro departamento dentro del país o hacia al exterior, y 5 años antes, cuando la crisis de 2002 estaba aún muy presente ene l recuerdo, esta proporción alcanzó el 43%; iii) en Montevideo (capital) la propensión migratoria de los jóvenes en 2013 se situaba por encima del promedio nacional, y alcanzaba al 40% específicamente para la pregunta de movilidad al extranjero, y el interés por la migración se relaciona positivamente con los niveles de ingreso de los hogares (Cabrera, 2014).
Referencias
Bengochea, J. (2014) Inmigración reciente en Uruguay, 2005-2011. Tesis de Maestría. Montevideo, Universidad de la República.
Cabrera, M. (2014) Propensión migratoria de los adolescentes y los jóvenes. En INJU, Encuesta Nacional de Juventud – Segundo Informe. Montevideo, INJU.
Koolhaas, M. (2015) Migración internacional de retorno en Uruguay: magnitud, selectividad y reinserción laboral en tiempos de crisis económica internacional. Tesis de Maestría. Montevideo, Universidad de la República.
Pellegrino, A. (2014) Migraciones. Colección Nuestra Tierra, vol. 12. Montevideo, MEC.
Pellegrino, A. y Luján, C. (1994) La propensión migratoria de los jóvenes uruguayos, Montevideo, OIM, INJU, CEPAL, 1994.
Prieto, V. (2012) El componente demográfico de las migraciones exteriores en América Latina, 1950-2050. Tesis doctoral. Barcelona Universidad Autónoma de Barcelona.

 

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